El Gobierno de Nuevo León desató la indignación ciudadana al convertir la infraestructura escolar en un descarado despliegue de propaganda política. La administración encabezada por Samuel García tapizó completamente de naranja los nuevos planteles educativos. Diversos sectores de la sociedad señalan al gobierno estatal de utilizar el dinero del erario para posicionar la marca de Movimiento Ciudadano dentro de las escuelas públicas.
Escuelas del futuro: lo prometido frente a lo entregado en Cadereyta
La entrega de la Secundaria No. 151 en la colonia Palmanova de Cadereyta expuso el desprecio de las autoridades hacia la neutralidad institucional. El gobierno naranja reportó un costo superior a los 51 millones de pesos por una obra que destaca principalmente por servir como un espectacular publicitario gigante financiado por los contribuyentes.
Las autoridades pintaron desde los muros de la fachada hasta los interiores de las aulas, la dirección y hasta las puertas de los baños con el color del partido del Gobernador. En lugar de garantizar espacios neutros para la enseñanza, el Estado saturó las ventanas con calcomanías de la imagen del león gubernamental e instaló tótems promocionales en la entrada.

La invasión cromática continuó durante la entrega de materiales, donde las mochilas y paquetes de útiles distribuidos a los alumnos exhibieron de igual forma el color oficialista. Ciudadanos y padres de familia ven en estas acciones un desvío de la función pública para satisfacer intereses electorales de cara al futuro.
“No estamos construyendo cualquier aula”: el discurso del Gobernador
El Gobernador Samuel García intentó justificar la obra durante el evento de inauguración al asegurar que su administración entrega edificios con clima y tecnología. Mencionó además la meta de inaugurar una escuela por semana hasta alcanzar 40 planteles en cuatro meses. Sin embargo, su discurso no logró ocultar el evidente trasfondo propagandístico de la edificación.
La comunidad reprocha que la prioridad del gobierno estatal sea imponer una marca partidista en cada rincón escolar. Mientras el sistema educativo enfrenta carencias históricas, la administración naranja canaliza el presupuesto a proyectos forrados de propaganda desde el piso hasta el techo.

Derroche de recursos públicos en propaganda estatal naranja
A pesar del presupuesto millonario asignado al plantel, la atención pública se centró en el derroche destinado a la decoración partidista. Las seis aulas y las áreas administrativas quedaron completamente subordinadas a la identidad de Movimiento Ciudadano.
Lejos de recibir instalaciones ajenas a la política, la comunidad escolar fue sometida a un adoctrinamiento visual constante. La ex titular de Educación intentó excusar el uso del naranja calificándolo como el nuevo color institucional, dejando de lado el tono verde aqua que se utilizaba anteriormente para distinguir a la dependencia.
La promesa de no politizar la educación frente al color de partido en aulas
El gobierno naranja rompió el compromiso de respetar la educación pública al convertir las instalaciones escolares en herramientas de mercadotecnia electoral. La ciudadanía exige frenar el mal uso del presupuesto estatal y detener la transformación de los inmuebles públicos en plataformas de promoción personal pagadas con el dinero de la gente.
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