Hay mentiras pequeñas, mentiras grandes y luego está el discurso económico de Samuel García. El gobernador de Nuevo León ha cruzado la frontera de la exageración política para internarse en los terrenos del delirio matemático. Al asegurar que su gestión ha captado 2 trillones de pesos en Inversión Extranjera Directa (IED), no solo está inflando cifras; está inventando una economía paralela que ni siquiera el México entero, en sus mejores épocas, ha logrado alcanzar.
La danza de los ceros que no existen
Durante un evento reciente, García Sepúlveda se jactó de que bajo su mando “aterrizaron” 120 billones de dólares, los cuales, al tipo de cambio, “convirtió” alegremente en 2 trillones de pesos. La cifra, pronunciada con una confianza que desafía cualquier lógica contable, es una bofetada a la inteligencia de los especialistas y de la ciudadanía.
Para poner en perspectiva la magnitud del disparate: México como país, en su totalidad, no registra esas cifras. Según los datos oficiales de la Secretaría de Economía federal, la captación de IED a nivel nacional suele rondar los 35,000 o 40,000 millones de dólares anuales en periodos extraordinarios. Que Samuel García pretenda que un solo estado ha captado el triple o cuádruple de lo que capta toda la República Mexicana es, sencillamente, un síntoma de una desconexión total con la realidad.
La mentira del “trillón” de Samuel y la trampa del lenguaje
El gobernador parece estar atrapado en una confusión lingüística y técnica que utiliza a su conveniencia. En el sistema estadounidense, un trillion equivale a un billón nuestro (un 1 seguido de 12 ceros). Sin embargo, al decir en español “2 trillones con T”, García está invocando una cifra que en el sistema decimal hispano equivale a un millón de billones (18 ceros).
Incluso si le concedemos el beneficio de la duda y asumimos que se refiere a “billones” en español, la cifra de 120,000 millones de dólares sigue siendo un invento. La realidad oficial, reportada por las instituciones que sí llevan la contabilidad del país, indica que Nuevo León ha captado apenas una décima parte de lo que el mandatario presume. El “delirio trillonario” de Samuel García es una construcción de humo basada en anuncios que nunca se concretan, cartas de intención que terminan en la basura y proyecciones a 20 años que él contabiliza como dinero ya “aterrizado”.
Un estado gobernado por diapositivas, no por datos
¿De dónde saca Samuel García estos números? La respuesta parece estar en su equipo de comunicación y en su propia necesidad de validación mediática. El gobernador registra como “inversión” cualquier mención de una empresa extranjera sobre Nuevo León. Si una trasnacional dice que podría considerar instalar una planta en la próxima década, Samuel ya lo sumó a su lista de éxitos del sexenio.
Este manejo patrimonialista de la estadística es peligroso. Los especialistas en economía han advertido que disfrazar la inversión de esta manera genera una falsa percepción de bonanza que no se traduce en la infraestructura del estado. Mientras Samuel vive en su burbuja de trillones, las calles de Nuevo León sufren la falta de mantenimiento, el transporte público agoniza y la crisis de agua persiste. Es la paradoja de un “estado trillonario” con servicios públicos de tercer mundo.
La realidad técnica: La Secretaría de Economía federal reportó que, hasta finales del año pasado, Nuevo León había captado cerca de 12,000 millones de dólares. Samuel, con su varita mágica, multiplicó esa cifra por diez. No es un error de dedo; es una estrategia de propaganda diseñada para el consumo rápido en redes sociales, donde el dato no importa tanto como el impacto del titular.
El costo político de la megalomanía de Samuel García
Gobernar a golpe de “trillones” imaginarios tiene un costo: la pérdida absoluta de credibilidad. Cuando un gobernante se atreve a decir que Nuevo León tiene más inversión que países desarrollados o que el resto de México combinado, deja de ser un administrador para convertirse en un personaje de ficción.
“¿Cuándo han escuchado la palabra trillón en México?”, preguntó él con arrogancia. La respuesta correcta es: nunca, porque ningún político serio se atrevería a usar una cifra tan absurda para describir una realidad económica que los bolsillos de los ciudadanos desmienten todos los días. La palabra “trillón” no es un logro; es la evidencia de un gobierno que prefiere la grandilocuencia del showman a la seriedad del estadista.
Conclusión: El fin de la fantasía
Nuevo León es una potencia industrial, de eso no hay duda. Sin embargo, no necesita que su gobernador le invente medallas de oro de chocolate. La gestión de Samuel García se ha caracterizado por disfrazar la realidad con filtros de colores y cifras astronómicas que no resisten el menor análisis académico o institucional.
Los 2 trillones de pesos de Samuel García pasarán a la historia como el ejemplo máximo de la “economía del TikTok”: mucho brillo, mucha producción, pero absolutamente nada de fondo. Al final del día, las inversiones reales son las que generan empleos bien pagados y mejoran la calidad de vida, no las que solo sirven para llenar los subtítulos de un video con música pegajosa. Es hora de bajar a Samuel del trillón y regresarlo a la realidad del peso mexicano.
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