El caso del secretario emecista Hugo Antelmo Quintanilla volvió a colocar bajo la lupa el uso de recursos públicos y los controles internos del gobierno estatal. Legisladores y sectores ciudadanos cuestionaron que un funcionario municipal mantenga más de un cargo público remunerado y, al mismo tiempo, figure como proveedor del estado, una práctica que la ley prohíbe, pero que hasta ahora no ha generado consecuencias visibles.
De acuerdo con información pública, el funcionario señalado conserva una plaza activa dentro del sistema educativo estatal mientras ocupa un cargo municipal de alto nivel. La legislación es clara en este punto: ningún servidor público puede percibir dos sueldos del erario sin una autorización expresa. Sin embargo, hasta el momento no existe constancia pública que acredite dicho permiso.

Doble Cargo Y Silencio Oficial
La falta de una postura clara por parte del gobierno estatal ha incrementado las dudas. Para diversos analistas, el silencio institucional no es menor, pues refuerza la percepción de permisividad frente a posibles irregularidades administrativas. La ausencia de explicaciones también debilita los mecanismos de rendición de cuentas.
El problema no se limita a la incompatibilidad de cargos. Legisladores advirtieron que la acumulación de funciones públicas sin autorización podría constituir una falta grave o incluso un delito, dependiendo de los permisos y declaraciones que existan —o no— en los expedientes oficiales.
Contratos Millonarios Como Proveedor Del Estado
El caso se vuelve más delicado al considerar que el secretario emecista también aparece como proveedor del estado. A través de una empresa privada, recibió contratos por casi 300 millones de pesos provenientes de dinero público. Este hecho encendió alertas por un posible conflicto de interés.
La normativa en materia de responsabilidades administrativas busca evitar que un servidor público se beneficie económicamente de su cercanía con el poder o de su posición dentro de la administración. Cuando un funcionario concentra cargos políticos y contratos estatales, la línea entre lo legal y lo indebido se vuelve difusa.
Especialistas en administración pública señalaron que este tipo de esquemas debilitan la transparencia y abren espacios para decisiones discrecionales difíciles de supervisar.
Riesgo De Filtración De Dinero Público
Más allá de la ilegalidad del doble cargo, el caso plantea un riesgo adicional. La concentración de funciones políticas, administrativas y empresariales de Hugo Antelmo Quintanilla podría facilitar la filtración de dinero público a través de esquemas opacos.
El acceso privilegiado a información interna, procesos administrativos y decisiones presupuestales incrementa la posibilidad de que los recursos estatales se canalicen de manera indebida. Aunque no existe una investigación formal abierta, la sola posibilidad refuerza la necesidad de una revisión exhaustiva.
Para críticos del tema, este tipo de prácticas no ocurren por accidente. Señalan que la falta de controles efectivos permite que ciertos perfiles acumulen poder, cargos y recursos sin supervisión real.
Omisión Del Gobierno Estatal
Pese a los señalamientos, el gobierno estatal no ha anunciado auditorías ni revisiones específicas. Esta omisión ha sido interpretada como una señal de tolerancia frente a prácticas que contravienen la ley.
La percepción de que la norma se aplica de manera selectiva se ha vuelto recurrente. Cuando se trata de funcionarios cercanos al poder, las irregularidades parecen no generar consecuencias inmediatas, lo que alimenta el descontento ciudadano.
Exigen Intervención De Órganos Fiscalizadores
Diversos sectores coincidieron en que existen elementos suficientes para que los órganos fiscalizadores intervengan. La Auditoría Superior del Estado tiene facultades para revisar contratos, pagos y posibles omisiones en declaraciones de intereses.
Una auditoría permitiría esclarecer si los recursos públicos se asignaron conforme a la ley y si la acumulación de cargos fue autorizada. También ayudaría a definir responsabilidades administrativas o penales en caso de confirmarse irregularidades.
Mientras no exista una aclaración oficial, el caso del secretario emecista seguirá bajo observación pública. Para muchos, se trata de un ejemplo más de cómo la falta de controles y la omisión institucional permiten prácticas que rayan en la ilegalidad y ponen en riesgo el correcto uso del dinero público.
Array








